jueves, 10 de noviembre de 2011

Herederos de una historia

Si al fin la ambición extraña
mermó tus ricos florones
a merced de innoble hazaña,
resuenan tristes canciones
sobre tus restos, España.

Llenos de amargo pesar
van en tu fosa a caer,
no cesando de llorar,
los que quisimos vencer
y no pudimos pelear.

¡Malditos los que han tenido
la culpa de tanto daño!
¡Los villanos que han sabido
hacer un débil rebaño
del pueblo más aguerrido!.

Por ellos, tu sepultura
se abrió tras inicua guerra
y lloran con amargura
los que saben que no hay tierra
que no admitió tu bravura.

¿Dónde están los reyes guerreros
que al frente de sus vasallos
ordenaban altaneros
que limpiaran sus caballos
los príncipes extranjeros?.

¿Dónde yace el poderío
de la raza que en los Andes
domeñó al inca bravío?,
¿dónde están los tercios de Flandes?.
¿Qué fue de España, Dios mío?.

Pues la acaban de enterrar...
¡Ella, que siempre vio el Sol
en sus dominios brillar!.
Por eso, buen español,
vengo en su tumba a llorar!


Francisco de Irachueta (1899)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El Dalle, herramienta en peligro de extinción

El dalle o también llamado guadaña es una herramienta agrícola compuesta de una cuchilla curva ensartada en un palo, usada para segar hierba, forraje para el ganado o cereales. Hasta hace poco muy utilizada en Cantabria sobre todo en las zonas rurales. Con las entrada de las nuevas tecnologías practicamente se ha ido dejando de usar. Aunque aún sobrevive en algunos lugares de nuestra región, donde lo siguen utilizando casualmente para realizar los trabajos agrícolas y para campeonatos de siega en algunas fiestas locales, sobre todo en verano.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Nosotros no olvidamos

Se cumple el 75º aniversario de una de las mayores matanzas comentidas en España, concretamente en Paracuellos del Jarama, a manos del mayor carnicero que posiblemente ha podido dar esta nación, Santiago Carrillo Solares.

El 7 de noviembre de 1936 será recordado siempre por los que aún no tienen "amnesia histórica", ya que es el día que dio comienzo una de las mayores matanzas que se han realizado en la historia de la humanidad.

Cerca de 5000 presos fueron llevados en autobuses al pueblo de Paracuellos del Jarama para ser fusilados y enterrados en fosas comunes, daba igual si fueran niños, hombres o mujeres, su muerte estaba sentenciada, no había color. Su delitos eran simplemente el ser católico, militar o por tener simpatías con la derecha.

¿Quién fue uno de los responsables clave de dichas matanzas? El que fuese ex-Secretario General del PCE y de las Juventudes Socialistas, flamante Doctor Honoris Causa por la Univerdidad de Madrid y recientemente nombrado hijo predilecto de la ciudad de Gijón.

Santiago Carrillo, en aquel entonces ejercía el cargo de máxima responsabilidad en la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Era el máximo responsable de las cárceles como consejero de Orden Público los días 7 y 8 de noviembre, cuando tuvieron lugar las grandes sacas de la cárcel Modelo.

Desde luego era consciente de todo lo que estaba sucediendo. Fue en todo momento una de las personas clave en las matanzas de Paracuellos del Jarama. Nosotros no olvidamos, ni perdonamos. Santiago Carrillo Solares, tu nombre estará eternamente manchado con sangre.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Presentación de la Asociación In Memorian Juan Ignacio

La Asociación In Memoriam Juan Ignacio se presentará oficialmente
en las Jornadas de la Disidencia que se realizarán
durante los días 11, 12 y 13 de Noviembre en Madrid.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Aniversario de la tragedia del vapor Cabo Machichaco

Procedente de Bilbao, el Cabo Machichaco se había presentado en Santander diez días atrás con una carga que sugería la fuerte expansión del ferrocarril: vigas, raíles y otros derivados de la metalurgia, además de 1.720 cajas de dinamita.

Bilbao padecía una epidemia de cólera y el buque tuvo que pasar la pertinente cuarentena alejado de los muelles, pero había prisa, de modo que una vez superado el trámite, y contra la ordenanza que obligaba a los buques que transportaban material inflamable a atracar en los espigones más alejados de la población, el Cabo Machichaco ocupó el número 3, prácticamente en el centro de la ciudad.

Declarado el incendio la multitud comenzó a concentrarse frente al barco alejada prudentemente del fuego, mientras una legión de marinos, bomberos y voluntarios espontáneos trataban de apagarlo con mangueras de agua y un improvisado hormiguero humano desfilaba por el portalón tratando de salvar baúles, maletas, libros, aparatos náuticos, muebles y cuanto pudiera salvarse.

Mientras tanto, a medio camino entre la multitud y el barco incendiado, el gobernador civil trataba de manejar la situación flanqueado por los ingenieros del puerto y el resto de autoridades de la ciudad, incluyendo al alcalde y varios de sus concejales, el gobernador militar, el coronel jefe de la Guardia Civil, los prácticos y un elevado número de militares y funcionarios.

La creencia general era que en las bodegas se concentraba material inflamable en abundancia, lo cual aconsejaba poner distancia al barco, sin embargo, el hecho de ver a las autoridades desafiando al fuego tan próximas a su foco empujaba a la muchedumbre a acercarse para palpar la tragedia en toda su intensidad. Mientras tanto el tañido de las campanas de la vecina catedral seguía convocando más y más almas frente al agónico buque. Aspirando el acre olor del humo alguien susurró la palabra dinamita.

Por unos instantes pareció que, conforme mandan las reglas de la naturaleza, el agua vencería al fuego, pues aunque la humareda seguía ascendiendo al cielo igual de opaca y densa, dejaron de verse las lenguas de fuego entre los retorcidos hierros. Los más atrevidos se acercaron a los contornos del muelle y se sentaron agitando las piernas sobre las aceitosas aguas. Viendo que el fuego remitía, el vapor Alfonso XIII se acercó al barco en llamas abarloándose para sumar el agua de sus bombas a la que ya lo alcanzaba desde tierra.

Fue entonces cuando sucedió. De manera simultánea y abriendo profundos cráteres a bordo, dos fortísimas explosiones elevaron al cielo santanderino una espectacular columna de fuego, entre cuyas horribles espirales flotaban al unísono los retorcidos trozos de hierro vomitados por las bodegas y centenares de cuerpos humanos destrozados, arrancados de cuajo al muelle por el efecto de la onda expansiva.

Con su capitán a la cabeza, la mayoría de los tripulantes del Cabo Machichaco murió en el acto y lo mismo sucedió con casi todas las autoridades. Entre el momento de la explosión y los días siguientes un total de 575 personas perdieron la vida y muchos de los más de dos mil heridos quedaron mutilados para siempre. La mayor parte de los fallecidos no murió a causa de la explosión en sí, sino debido a la metralla en que quedó convertido el cargamento de vigas y raíles. Del interior de la catedral, alejada unos doscientos metros, se extrajeron sesenta vigas de 300 kilos cada una.

La fuerza de la explosión produjo una serie de incendios en toda la ciudad para los que no quedaban bomberos, pues la mayoría habían perecido en el muelle. Aterrorizada, la población escapó de Santander buscando un refugio a salvo de la terrible catástrofe. Cuando volvió la normalidad, el cinco por ciento de los habitantes de la capital habían perdido la vida o se encontraban heridos, sin embargo, la noticia de que en el fondo de las aguas del muelle el Cabo Machichaco conservaba aún dinamita suficiente para terminar de volar la ciudad, impulsó a muchos a establecerse extramuros hasta pasados cuatro meses, cuando al fin se consiguió apartar el peligroso material.

En el centro de Santander a muy pocos metros de donde sucedió dicha tragedia se erige un monumento en honor a todas las victimas del vapor Cabo Machichaco, obra de el escultor asturiano Cipriano Folgueras y Doiztúa. Consta de una gruesa cruz de piedra de perfil escalonado sujeta a un pedestal piramidal -presenta grabadas las fechas de las dos explosiones-. Y completa la cruz la figura de una mujer doliente de bronce.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Las Flechas Negras en la guerra de España

Cuando el pueblo español, los aguerridos Requetés imbuidos de la más gloriosa tradición, la Falange Española revolucionaria y de ímpetu heroico y los valientes militares del Ejército con pundonor se alzaron en armas contra el caos propiciado por la devastadora Segunda República que precipitaba a la nación entera a la fosa del comunismo, nuestros hermanos italianos del Fascio, que desde 1922 marchaban junto al Duce Benito Mussolini por la senda de un nuevo y esplendoroso renacimiento clásico a paso gentil, no dudaron en sumarse a la gran batalla, al combate sin tregua, a la Cruzada de Liberación que se libraba con ardor en varios frentes por tierras de España.

Con premura, a la llamada de la pólvora y de la dignidad, se forman en Italia las primeras unidades de voluntarios de la vida y de la muerte, integradas por escuadristas de todas las edades desde los diecisiete a los cincuenta años, de camisas negras que quieren pelear en primera línea al lado de sus correligionarios de la tradición y de sus camaradas españoles de la revolución nacional, encuadrados en las formaciones castrenses. No tienen dudas, sino entusiasmo, no ponen objeciones sino que aportan soluciones. Alborozados, con himno y canciones en sus labios, con espíritu combatiente y decidido, manifiestan su deseo irrefrenable de ser partícipes en las trincheras donde se dilucida un duelo de valores supremos ante la Patria en llamas y en peligro inminente de sucumbir ante la esclavitud del azote marxista.

Traen en sus mochilas los combatientes que integraban el Cuerpo de Tropas Voluntarias, desde Italia, la mística fascista y el sentimiento de epopeya para alcanzar la victoria en los confines peninsulares de Europa. Vuelven al reencuentro secular con las calzadas romanas y las urbes cesáreas que trazaron y fundaron sus ancestros, acuden prestos para divisar de cerca los surcos que durante siglos rotularon sus arados, regresan para restablecer de nuevo el derecho y la norma que divulgaron sus viejos jurisconsultos y portan en sus manos, de nuevo, la espada flamígera, como en los dorados orígenes, para auxiliar a quienes se desangran y ofrendan sus vidas invocando el nombre de Dios y gritando en su último suspiro, a modo de exhalación, la elevación de la España eterna…

Más información en Ediciones Nueva República

sábado, 29 de octubre de 2011

Los héroes nunca mueren: Ramiro Ledesma ¡Presente!

Era ya veintinueve y tocaba la hora de la muerte. Les flanqueaban milicianos armados, camino del camión que les trasladaría. De repente, se lanza hacia uno de los milicianos, intentando arrebatarle el fusil.

- ¡A mí me matáis donde yo quiera, no donde vosotros queráis!

Y cayó. El disparo de otro miliciano terminó con su vida en el último arrebato de rabia, bajo un rayo de tremenda voluntad, y su cuerpo se estrelló contra el suelo. No hubo que rematarlo, de su cráneo manaba sangre y ya nada podía hacer. Todo había terminado. Lo recogieron y lo llevaron, con los otros treinta y uno, al cementerio de Aravaca, donde fueron fusilados contra el muro. Allí yace Ramiro, enterrado bajo la tierra de su Patria, como recuerdo perpetuo del fratricidio de 1936 y homenaje a todos los que murieron injustamente.

Tal vez la mejor definición de la muerte de Ramiro la diera Ortega y Gasset, antiguo maestro, cuando se enteró de ella en París: “no han matado a un hombre, han matado a un entendimiento”.

jueves, 27 de octubre de 2011

Marcha sobre Roma

La impotencia del gobierno para hacer frente a la situación en que se encontraba el país y la disolución del Parlamento allanaron el camino para la denominada Marcha sobre Roma, acontecida entre el 27 y 29 de octubre de 1922.

Su entrada triunfal en la capital italiana no encontró ninguna oposición, quedando el gobierno imposibilitado para intervenir por la oposición del Rey Víctor Manuel III, que se negó a firmar el decreto de Estado de Asedio propuesto por el Jefe del Gobierno Ivanoe Bonomi, imposibilitando así cualquier oposición armada por parte del ejército.

Como consecuencia, el Rey encargó formar un nuevo gobierno a Mussolini, pese a que éste no contara con una mayoría en parlamento, el 30 de octubre de 1922. Durante todo su gobierno Italia vivió una gran prosperidad no solo económica sino también cultural, deportiva y social.

martes, 25 de octubre de 2011

La gran Batalla de Trafalgar

El pasado 21 de Octubre se cumplieron 206 años de la batalla de Trafalgar. Fue cuando una flota británica comandada por Horacio Nelson venció a una escuadra combinada franco-española, frente al cabo de Trafalgar –lugar que dio su nombre a la batalla- entre Cádiz y Tarifa. El comandante británico Nelson murió, a bordo de su buque insignia HMS Victory, a consecuencia de las heridas recibidas en los albores del combate, lo que convirtió en triste a aquel día para ambas marinas: para la franco-española, por la muerte de muchos de sus almirantes, y por su propia destrucción; para la inglesa porque, a pesar de lograr una fabulosa victoria, perdía a uno de sus líderes militares más carismáticos y respetados de toda su historia.

Desde un principio, todo estuvo mal planteado del lado franco-español. Villeneuve –comandante de las fuerzas franco-españolas- decidió salir de Cádiz, donde estaba refugiada –y a salvo- la flota, en contra de los consejos de los almirantes españoles, que eran conscientes del peligro que suponía Nelson. Las noticias de que su sustituto al frente de la flota, enviado por un Napoleón que estaba harto de su inactividad, se dirigía a Cádiz, le hicieron salir del puerto de esta forma arriesgada, contra el consejo de sus expertos, buscando una última hazaña que le asegurara en el puesto. Una vez encontradas ambas flotas, la manera de presentar batalla planteada por Villeneuve tampoco fue la más apropiada. Nelson atacó por la retaguardia, y desarboló rápidamente la flota rival, que equivocó también las maniobras de giro.

Cuando la batalla alcanzaba su momento trascendental, el francés Dumanoir decidió abandonar, junto con otras cuatro naves, lo que terminó de decantar la balanza y precipitar el desastre. Al final de la contienda sólo se salvaron cinco navíos españoles, y en un estado verdaderamente precario. Las bajas fueron cuantiosas: la flota franco-española perdió a dos mil ochocientos hombres, más de dos mil de ellos españoles, mientras que los ingleses sólo tuvieron que lamentar cuatrocientas bajas. Otros muchos, sin duda alguna, murieron poco después en los hospitales, y muchos de ellos hubieron de perecer en los naufragios posteriores. Porque el destino de muchos barcos fue más triste aún: casi todos los barcos españoles capturados por los ingleses se hundieron por una tormenta desencadenada poco después de la batalla.

Para los españoles la derrota significó que todos los esfuerzos de Godoy, encaminados a dotar a España de una poderosa marina de guerra, se iban al traste. Para Francia, la derrota significó una pérdida incalculable: su renuncia, definitiva y explícita, a una eventual invasión del Reino Unido. Para los británicos, en cambio, supuso el triunfo la consolidación de su dominio de los océanos, sustituyendo definitivamente a España en esa posición.


En el Paseo de Pereda de Santander se situa un monumento en honor a los cerca de 500 héroes montañeses que participaron en la Batalla de Trafalgar, erigido en bronce y obra del escultor Juan José Revuelta.